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Sunday, March 18, 2012

Delirios de docencia


Cuando por primera vez me invitaron a dar clases me pareció que se habían equivocado de persona. Aún me faltaba mucho por aprender antes de pararme frente a un grupo. Eduardo quien entonces era el director de la carrera me convenció.
La primera clase como todo profesor primerizo tenía un poco de nervio considerando que los alumnos más rezagados tenían casi mi edad. Sin embargo el mismo Eduardo antes de entrar al salón me dijo al oído: Firme, ellos huelen el miedo. Cuatro años después creo que siempre me faltará mucho por aprender, y quizá no sienta miedo, pero si emoción el primer día de clases.
Cuando uno se imagina como maestro universitario, siempre se imagina como esta figura heróica que va a transformar la vida de alguien, culpa de esto lo tienen por supuesto películas como la sociedad de los poetas muertos, mentes peligrosas, y casi cualquier película holliwoodesca que tenga en la trama un grupo conflictivo y un maestro. La realidad es otra, los maestros no somos estas figuras heróicas. Al menos no como las pintan en hollywood. Nuestro trabajo es a veces muy simple y no estamos ahi para salvar a nadie. Ocasionalmente tendremos algún alumno sobresaliente, o por el contrario un alumno que salvó la materia después de muchos esfuerzos cuando más.
La vida de profesor si bien tiene sus momentos de satisfacción, está plagado con muchos otros momentos desagradables propios de la profesión. Los que son maestros no me dejarán mentir:
1) Ese momento que todos conocemos cuando uno llega a revisar examenes, de un curso en el que los alumnos se sentaron con atención, uno expuso el tema; no hubo dudas y sin embargo, a la hora del examen. Las cosas más básicas y elementales fueron omitidas por el grupo.
Hay un breve momento de pánico de... (-pero este tema si lo dí!¿?!) y en eso un veintiúnico alumno lo contesta... (-si, si lo dí, te contestas) y cuando todos te miraban atentísimos en realidad estaban mirando al vacío y escuchando la voz de la maestra de Charlie Brown BLABLABLABLABLA... (-damn!)
2) Ese momento después de la entrega de los examenes que sabes que va a llegar un motín a reclamar. Después de la entrega de trabajos que saldrá una (siempre tiene que venir una mujer con sus dramas a demeritar a todo el género) con una sarta de tragedias salidas de una película de acción y por supuesto acompañadas de lágrimas y hasta mocos. Desfilarán por igual el estudiante estrella que no llegó a la revisión y que su beca está en riesgo, y por tanto su brillante futuro académico. El estudiante simpático a modelar 23 sonrisas encantadoras y el que nunca asistió al curso a tratar de negociar como si se tratara de la mafia rusa.
3) Ese momento cuando pides los trabajos y sale uno -"Eso no lo encargó"(...Ajá creen que tengo demencia senil?) y todos en coro unísono -"NOOOoooo eso no lo encargó"
4) Ese momento en que estás dando la clase y el más atrasado de la clase sale con su "esto no nos sirve de nada, ya todo te lo hace el software"... Por eso los alumnos no piensan... por que esperan a que el software "piense" o "diseñe" por ellos.

Al final de un día negro lleno de "esos" momentos. Te encuentras a un exalumno que te dice cómo le sirvió tu clase o el hecho de que lo hayas "hecho sufrir". O te conatacta por mail para pedirte una asesoría o sólo saludarte. O hasta el alumno que reprobó tu materia te sonrie sinceramente. Y quizá eso sea esporádico y dure una milésima de segundo. Pero es definitivamente la razón por la cual uno no bota la toalla.

Friday, September 11, 2009

Hija de la mothernidad

Otro día más apresuro el paso para no toparme con Don Rayito de Sol, un hombrecito feliz que siempre que me ve me hace un festín de frases elaboradas. Lo veo de reojo caminando hacia mí, pero por más que intento no puedo escapar: me grita mi nombre y me sordeo, me dice que tiene un mensaje importante. Entonces atrapada me detengo a escucharlo y me dice que "hoy Dios pinto el cielo justo para mí". No importa el tema, siempre es lo mismo tiene un opening line que me deja completamente muda, nunca tengo la respuesta correcta a lo que me dice, nunca se me ocurre nada inteligente, sensato o si quiera amable además de un simple "Gracias" y una sonrisa forzada para su parafernálica amabilidad.

Llámenme antisocial pero para trabajar me gusta llegar, hacer lo mío e irme. Cuando tengo tiempo (y ganas) de platicar, me gusta hacerlo con una taza de té en la mano (eso desde que soy intolerante a la lactosa) sentada de chinito en un sitio cómodo y sin pensar que tengo más pendientes por atender en el día, no digo que no me permita echar el chal mientras atiendo asuntos en mis horas laborales pero no cada vez que corro al estacionamiento tarde para alguna cita, que esto es casi siempre.

Yo creo que es culpa de nuestro fastfood lifestyle. Amo los cajeros automáticos y la banca por internet, el drive thru y la domiciliación de pagos y todo aquello que me haga la vida fácil, que me evite colas y que me agilice la vida. Desgraciadamente tengo que decirlo: el contacto humano es un factor retardante en los procesos, uno va saluda, pregunta, pide, recibe, corrige, cambia y agradece. Esto si le va bien, si no es que alguien se pone sentimental y le hace plática, en el mejor de los casos, lugares comunes, en el peor te agarran de su confidente sentimental. Razón primaria por la que ODIO los salones de belleza. Una va a veces con el tiempo contado entre una cosa y otra. Pero como que por tradición el servicio de shampoo incluye terapia y la silla de peluquero se convierte en diván y yo sólo quiero dormir mientras me masajean mi cuerito cabelludo. En cambio nunca falta la mujer solidaria (por no decir metiche) que también opina y da pie al debate.

Y que decir de ir al súper con mi madre... es todo un ritual social, ella va de noche cuando casi no hay gente (lo cual agradezco) pero aún así saluda al guardia, le pregunta por sus hijos de los cuales tiene conocimiento y lo mismo sucede con la de las carnes frías, el panadero, el carnicero. Acude siempre que puede con la misma cajera y el mismo cerillo que para esas horas generalmente es un hombre de edad al cual lo mismo actualiza sobre su vida y milagros.
Ir a algún lado con mi abuelo es aún peor... hace como un mes lo llevé al banco, viernes de quincena y medio día. Me presentó a la cajera, fuimos a saludar a cada ejecutivo de cuenta todo esto ante la mirada atónita de toooda la fila por supuesto, temiendo yo por mi integridad física y la de mi abuelo que ante semejante charla digna de café y galletas algún tarjetahabiente nos agrediera por estar deteniendo la cola. Por lo que respecta a los funcionarios bancarios, todos conocen a mi abuelo, él trabajó como 20 años en dos bancos. Incluso fuera del banco todos lo conocen, no importa el lugar al que vaya. Incluso cuando murió mi abuela fueron hasta los cajeros del Mode a darle el pésame. Lo cual seguro es lindo, pero creo que es mucho para mí.
Mi cortesía robótica y minimalista apenas me deja completar mis pendientes. No es excusa lo sé a veces uno dice las cosas más por rutina que por interés. Hace como un año por ejemplo me econtré a una compañera de la universidad en el Office Max en la caja cargada de planos que mientras me iban entregando iba doblando para llevar a desarrollo urbano antes de que me cerraran y entre mi ajetreo le pregunto -¿Cómo estás? sin realmente esperar respuesta. A lo que sin previo aviso me contesta que su madre acababa de fallecer después de varios meses de luchar contra un cáncer muy difícil. Por supuesto además de que se me cayeron los calzones y me quedé sin palabras, me sentí como la pieza de mugre más pequeña del lugar.

Cuántas veces no vamos corriendo por la vida sin darnos cuenta de quién esta a nuestro alrededor,sin embargo tampoco vamos cargando con tooodo ese peso de saberlo. Es egoísta, pero a veces es una manera de sobrevivir. Es un poco mecanismo de defensa, a veces no estamos preparados para realmente conectarnos con otras personas, ir cargando además de nuestros paquetes los ajenos. En lo personal odio las pláticas superficiales y los lugares comunes, pero quizá es la única manera de hacer contacto con muchas personas que quizá es lo único que piden.

Tuesday, September 01, 2009

Signos de la edad


Creo que hay signos que delatan más nuestra edad que todas las canas y todas las arrugas.


El hecho de que me incomode que la gente me hable de tú cuando no me conoce será que soy anticuada o que me estoy volviendo vieja? Ya no hay respeto...

Thursday, August 20, 2009

Santos... a la dirección


Chale! No importa la edad, que te llamen de dirección siempre deja una sensación de pánico. Los motivos son irrelevantes, si es una felicitación o un regaño. Por que siempre existe la incertidumbre, el miedo a que quizá te cacharon en algo pero no tienes la más remota idea de en qué. Vas a la guerra sin armas y para eso no hay edad que valga.

Lo que me parece aún peor es que en mis años de estudiante rara vez pisé la dirección y seguro no por alguna llamada de atención. (salvo una vez en la prepa léase: cárcel en un conato por volarme una clase). Ahora a mis veintitantos aún trago saliva y me dirijo sin pistas sólo armada con mis reportes y mis documentos a las mazmorras del director.

Esto consecuencia a que en los últimos meses he sido llamada 3 veces a dicha sala de torturas escenario de las pesadillas de todo estudiante malandro, sólo que ahora los papeles se revierten. Ahora es la maestra quien tiene que negociar para que los alumnos trabajen. Por diversos motivos, pero la petición siempre es la misma, los alumnos no quieren aprender pero quieren pasar la materia. Lo cual me deja sin palabras, yo también fui alumna: fui ñoña a veces y a veces también eché flojera, pero era consiente de mis acciones y no iba a pelear lo que sabía que no tenía derecho, es más creo que ni siquiera pedí una extensión de una entrega. Yo viví en esa represión en dónde el maestro SIEMPRE tenía la razón. No digo que eso sea lo correcto. Yo también me revelé,luché contra el sistema, corrí a mi asesor de tesis por inepto y emprendí mis batallas, algunas ganadas y otras perdidas, pero siempre contra lo que creí injusto. Pero esto era sobre todo que se parara enfrente de mí alguien que no enseñaba, que no sabía el tema o que calificaba sin bases. Yo también fui puberta y creí tener la razón (en algunos casos la tenía) pero nunca me atreví a pararme a exigir que no me enseñaran.

Las escuelas son para eso, me sorprende la resistencia a aprender de los alumnos, y más aún que las instituciones los secunden, por que tienen miedo a los padres y lo que de verdad no puedo comprender es que los padres apoyen a sus hijos en estas batallas. Padres que hablan en favor de sus hijos que no entregan tareas y plagian trabajos. Lo peor de todo es la edad de los chamacos. Estoy hablando de chicos universitarios. Ya mero mi madre iba a ir a reclamar a la escuela en la prepa, mucho menos en la carrera a pedir que no estresarán a su hija. No quiero saber cómo esa hija que se estresa por que semanalmente tiene que entregar un trabajo de 30 minutos lidiará con las presiones del trabajo y de la vida cotidiana.

El problema... es que nadie quiere problemas, los padres no quieren lidiar con adolescentes malhumorados por que tienen que poner atención en clase en lugar de chatear, las autoridades no quieren lidiar con papas abrumados de confrontar adolescentes malhumorados y los maestros bueno... con tal de no generar una cadena infinita de problemas pues se hacen de la vista gorda. O al menos esa es la explicación de por qué llegan a mi clase sin conocimientos que debieron adquirir en la secundaria. Desgraciadamente yo tengo mucha paciencia y mucha más necedad, quizá no cambie las cosas, pero al menos no seré complice del atrofiamiento y letargo mental de quienes se supone son el futuro.